"Izar era un asceta, que decidido a encontrarse a si mismo, se instaló con un cuenco de madera, una cuchara y una vieja túnica en las montañas de la cordillera del Himalaya. Allí, cerraba los ojos escuchando los cantos de los pájaros, el sonido de los vientos y el rugir de las aguas de una cascada cercana. En silencio escuchaba y meditaba las palabras invisibles de los elementos.Cierto día, tras haber llegado a la integración con todos los sonidos que le rodeaban, sintió una presión en su corazón que le era agradable pero dolorosa al mismo tiempo. No pudiendo resistirlo, abrió la boca para gritar, más su garganta no emitió sonido alguno. La presión seguía creciendo y cuando el dolor era casi insoportable vio frente a sí un gran dragón amarillo que emergía de la tierra. El dragón lanzó fuego sobre el cuenco de madera que Izar empleaba para beber y comer, llenándolo de un fluido dorado y convirtiéndolo en un recipiente de metal pulido.
Finalmente el Dragón le dijo a Izar: "Tú eres la persona que mejor ha sabido guardar en su interior los sonidos de la vida y la muerte, del odio y el amor, de la oscuridad y la luz. Por ello, en nombre de los dioses del conocimiento, te hago entrega de este objeto capaz de transmitir las sensaciones más increíbles, capaz de estremecer tu alma y también tu corazón".
La Música, en general, provoca ciertos cambios biológicos, armoniza la respiración o la altera, incide en la presión externa de la sangre, y afecta -positiva o negativamente- sobre la emoción, el ánimo y los sentimientos...
Cada vez que suena un cuenco tibetano, se generan unos armónicos cuyas resonancias tienen efectos beneficiosos sobre los cuerpos y campos enérgéticos a su alrededor. Los cuentos, no sólo se oyen a través del oído, sino que sus vibraciones se perciben en toda la superficie corporal, sobre todo en las partes más sensibles, y penetran sin dañar en el interior del cuerpo, hasta la estructura molecular, masajeándonos y armonizándonos, pudiendo ser utilizados, por ello, en terapia vibracional.
Los cuencos tibetanos están fabricados con aleaciones de cinco, siete y hasta nueve metales, siguiendo la tradición alquímica de los siete planetas: oro, plata, mercurio, cobre, hierro, estaño y plomo. Datan de la época del buddha histórico, Shakyamuni (560-480 a C.) y se utilizan por todo oriente, India, Nepal, Japón, Vietnam, China...
Según dicen los maestros del Tibet, emiten el sonido del vacío, que es el sonido del universo manifestándose, el símbolo de lo incognoscible.
Cada cuenco tiene un tono básico con diferentes armónicos.Pueden tocarse de dos formas: podemos rozar el borde exterior de forma circular con una varilla de madera, haciendo así que el sonido y la vibración surjan lentamente; o bien, podemos golpearlos para conseguir un sonido fuerte e inmediato.
También existen cuencos hechos de cristal de cuarzo que emiten un sonido más puro y fuerte.
Para mas información consultar los siguientes links:
· Global Healing
· Buddha net
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